El gato Serafín
Uno de mis recuerdos imborrables de Jaca es un recuerdo indeleble, sentimental y lleno de cariño hacia un animal de una nobleza y fidelidad incondicional.
🐾 Un encuentro inolvidable con un gato leal
Algunos recuerdos permanecen para siempre.
El mío tiene ojos verdes y un andar solemne: el recuerdo de Serafín, un gato extraordinario que se convirtió en amigo, maestro y compañero de juegos.
Esta es la historia real del vagabundo Serafín, de color marrón parduzco, algo andrajoso, muy avispado y también decidido; con una “personalidad gatuna” sorprendente, que compartió un cortito pero muy valioso tiempo en nuestras vidas, durante apenas unos meses.
Era una tarde cualquiera en Jaca. Mi hermano Pablo y yo jugábamos en un edificio aún en construcción, lanzándonos desde la altura de un primer piso sobre un montón de arena, simulando escenas de película de gánsters:
—Yo te disparo y tú caes retorciéndote de dolor… luego, al contrario. Ganaba quien mejor interpretara la muerte teatral.
🥪 La primera merienda junto a Serafín
Entre carcajadas y polvo, paramos a comer la merienda: sardinas enlatadas entre pan, como siempre preparadas por nuestra madre.
Fue entonces cuando, en la aún suave semioscuridad de la tarde y entre ladrillos y sacos de cemento, observamos un par de ovalados ojos verdes y brillantes que se acercaban sin prisa, pero sin pausa, hacia nuestra pétrea posición
.Pablo y yo nos habíamos quedado de granito. Llevábamos rato jugando allí y nadie se había acercado a husmear en nuestros juegos, por lo que la sorpresa fue total y aquella aparición nos transmitió cierta inquietud.
Por fin, ante nuestros ojos apareció la silueta de un gato, más bien grande, de tono marrón, avanzando sin prisa, con paso solemne y un punto —algo chulesco, diría yo—, mirando insolentemente nuestros bocatas. Quiero pensar que le atrajo el olor a sardina en aceite.
Se sentó a unos metros, observando nuestros bocadillos como si fueran un botín.
Y entonces lo dijo todo:
—¡MIAAAUU! ¡MIAAAUU!
Para nosotros fue una traducción liinmediata:
«Tengo hambre… ¿me invitáis?»
Con cierto tembleque en la mano, le ofrecí la mitad de mi bocadillo.
Lo devoró en segundos, pan incluido.
Luego repitió con el de Pablo.
Así comenzó todo.
Desde ese momento, y con el honorífico nombre de Serafín, pasó a formar parte de nuestra pandilla.
Desde aquel día, Serafín nos acompañaba a todas partes.
⚡ Aventuras, juegos y travesuras
Era listo, ágil y audaz. Pero también profundamente leal.
No discriminaba entre humanos: todos eran iguales a sus ojos.
Sus gestos, su mirada sabia y su silenciosa compañía nos enseñaban más que cualquier lección: la nobleza y la amistad se demuestran con actos pequeños y constantes.
Tenía algo especial, algo que se notaba en la mirada y en la calma con la que lo hacía todo.
Era un gato atípico. Su comportamiento distaba mucho de ser el de los gatos comunes, normalmente recelosos y desconfiados por naturaleza.
Se tiraba con nosotros desde el primer piso… aunque nunca ganaba, porque siempre caía de pie, y eso no valía.
Nos ganaba, eso sí, en las carreras, y en el escondite se camuflaba de maravilla.
Nos escoltaba al colegio y, no sé bien por qué, pero captaba perfectamente que no debía entrar.
Nos esperaba a la salida y luego hacía el camino de vuelta con nosotros, brincando traviesamente y compartiendo juegos, meriendas y silencios.
Dormía en el sótano, donde además se atiborraba de ratones, demostrando su astucia, y participaba en todos nuestros juegos como si fuera uno más.
Serafín no distinguía entre personas.
Para él, todos los humanos eran iguales.
Su lealtad no tenía condiciones.
Nunca, antes ni después, he conocido una mascota tan noble.
💔 La trágica pérdida de un amigo fiel
Un día, Serafín no estaba a la salida del colegio.
La mala sensación se confirmó poco después.
Lo encontramos cerca de nuestro barrio, junto a las casas militares, en un charco de agua y barro.
Sin vida.
Apaleado y apedreado por los arrogantes hijos de los oficiales, nuestros vecinos y tradicional banda rival.
Serafín jamás los odió.
Jugaba también con ellos, aunque no fueran de nuestra pandilla.
Para él, todos eran sus amigos.
Murió por ser así: leal, confiado, noble.
Aquel día, y poco después de hallarlo así, tuvo lugar una de las batallas más cruentas que recuerdo entre las dos bandas. Hubo pedradas, arcos y flechas improvisadas, contusiones y algunas heridas superficiales.
No paramos hasta que ninguno de ellos quedó sin su justo castigo.
Pero la victoria fue amarga.
Nada nos devolvía a Serafín.
🔥 Un adiós con honores y recuerdos eternos
Al caer la noche, junto a los chopos, en la ribera del canal, levantamos una gran pira de leña y fuego.
Allí lo despedimos en silencio, bajo las estrellas y con honores “militares”, como merecía.
Aunque “solo fuera un gato”…
🌟 Serafín, maestro de vida y amistad
Aunque solo estuvo con nosotros unos meses, Serafín nos dejó una lección imborrable: la amistad y la nobleza no se miden en tiempo, tamaño o especie.
Su espíritu permanece vivo en cada recuerdo, en cada juego compartido y en cada bocadillo ofrecido.
El tiempo no borra ciertos recuerdos.
Ni ciertas enseñanzas.
Nunca olvidaré a Serafín…
mi amigo leal,
mi maestro de vida,
el pequeño gato que convirtió nuestras travesuras infantiles en aventuras inolvidables.
Nunca.
Ni a ti, amigo mío. 🐾❤️
Jorge de Aragón
¿Cuál fue la mascota que más os enseñó sobre la amistad?