Mis Amigos

lunes, 22 de julio de 2013

LA PLAYA DEL RIO ARAGON

  

 


La playa del Rio Aragón


Aquellos veranos en la playa del río Aragón

Hoy, mientras veo jugar a mis nietos en una piscina hinchable, un recuerdo se abre paso sin pedir permiso.

 Me lleva a los veranos de mi infancia en Jaca, a una playa sin mar, a las aguas frías y claras del río Aragón, y a mis padres enseñándonos a amar una tierra que nunca se olvida.

Hoy, muchos años después

Hoy, cincuenta y pico años después, en un pequeño pueblo de Tarragona donde resido, hojeo distraídamente un libro, mientras observo a mis nietos bañarse y juguetear en la piscina hinchable instalada en el pequeño jardín de mi casa.

 Sus risas, los chapoteos y esa alegría despreocupada propia de la infancia consiguen que, por unos instantes, el compartimento estanco de mi memoria —donde duermen tantos recuerdos— se abra sin previo aviso.

 Y de pronto rescata una época muy lejana, casi olvidada: la de mi infancia y aquellos veraneos en el río Aragón, en Jaca, con mis padres y mis hermanos.

 Julios y agostos de los años sesenta

Calor.

El sonido persistente y chillón de cigarras y grillos mezclándose en el aire.                                      

Los veranos de Jaca solían ser —y creo que lo siguen siendo— bastante cálidos, pero de un calor seco y soportable. Muy distinto de ese otro calor estival, húmedo y pegajoso, del litoral mediterráneo, al que nunca he terminado de acostumbrarme y que llevo años soportando desde que me fui de Jaca.

 La promesa de una playa especial

Recuerdo bastante bien, la primera vez que fuimos a bañarnos a “la playa” de Jaca.

 Papá nos había hablado muchas veces de ella. Decía que en verano nos llevaría a una playa especial, rodeada de montañas, prados de hierba y árboles, con aguas cristalinas y frescas.

 Una playa que no existía en ningún otro lugar.

Solo allí.

 A las siete y un minuto

Un sábado de julio de aquel verano, papá nos anunció que al día siguiente nos despertaría a las siete de la mañana para preparar, con tiempo, todos los trastos necesarios para pasar el día en la “playa”.

 A las siete y un minuto en punto, y al toque de diana de papá, saltamos como gatos de las literas al suelo para coger turno para el lavabo.

 Siendo tantos hermanos, (SIETE),  había que espabilarse para no ser el último; a veces incluso entrábamos al WC de dos en dos.

 Las tareas eran inmediatas: asearse, peinarse, colocarse el bañador.

Después, en fila hacia el comedor-cocina para un desayuno rápido y frugal.

 Mamá llevaba ya una hora en pie y lo tenía todo bajo control.

 

Un desayuno de otros tiempos

Una taza de café de puchero y una tostada de pan untada con aceite para cada uno.

Puedo decir, con cierta satisfacción, que aquel era el desayuno más rico que se podía tomar entonces. Eran otros tiempos —como solía decir papá mirando hacia atrás—:

 “Éramos muy pobres, sí, pero muy felices.”

 Y qué bueno estaba todo, Dios mío.

 Cestos, bártulos y camino al río

En la puerta de casa aguardaban apilados los cestos de mimbre y alguna mochila con la comida preparada por mamá, agua y todo lo necesario para sobrevivir en la “playa” durante el día entero.

 No podía faltar nada: gorras, flotadores, la colchoneta hinchable para navegar…

 Era la primera vez que íbamos. Mis hermanos y yo estábamos fascinados e ilusionados con aquella aventura.

 Hasta entonces, nuestros únicos chapuzones habían sido en el canal que pasaba junto a las casas militares. Y claro, si Jaca no tenía mar… ¿a qué playa nos llevaban papá y mamá?


"La familia Ulises"

Papá y mamá se repartieron los cestos más voluminosos.

Mis hermanos y yo cargábamos con el resto de bártulos.


Caminamos hacia el paseo, lo cruzamos y tomamos una pista forestal, en descenso hacia Asieso.

 Éramos un tropel, avanzando en masa. Imagino a quienes nos veían pasar,  preguntándose acaso, si no nos habíamos escapado de algún cuento, como aquella divertida familia "Ulises del TBO".

 

En Jaca apenas había coches por entonces. Quizá media docena. Grandes, negros y muy cuadrados. 

Desde luego, disponer de uno era un lujo impensable.


El primer encuentro con el río Aragón

Al final de la cuesta, en un recodo, apareció de pronto un puente.

 Y a sus pies, el enorme río Aragón.

 Mis hermanos y yo quedamos sobrecogidos. Nunca habíamos visto un río tan grande de cerca. La realidad superó cualquier idea que nos hubiéramos hecho.

 La corriente, en aquella época del año, era mansa y serena.

A la derecha, la presa retenía el agua y rugía suavemente, acompasando el murmullo del paisaje.


"La playa de Jaca"

—Aquí está la playa —dijo papá—.

Esta es la playa especial de la que os hablé.

 Fuimos bajando por el sendero escarpado que serpenteaba junto al río, entre maleza y zarzamoras, hasta llegar a un prado de hierba rodeado de árboles y flores silvestres, cerca de un viejo molino.

 Allí, el río formaba una badina de aguas frías, claras y tranquilas, perfecta para nadar.

 Otras familias, vecinos de las casas militares, ya estaban allí. Habían quedado con papá y mamá para pasar el día juntos.

 Aprendiendo a nadar sin saber nadar

Una vez instalados, nos lanzamos al agua sin pensarlo.  Ninguno sabíamos nadar.




Con aquellos flotadores arcaicos ajustados al pecho, desafiamos una y otra vez las frías aguas del Aragón.

 Papá y mamá nos observaban sonriendo. Papá no tardó en unirse a nuestras travesuras: era el primero en tirarse, nadar y darnos los primeros consejos. 




Por turnos, nos subíamos a la única colchoneta hinchable y nos dejábamos llevar por la suave corriente, remando con las manos.

Con los ojos fijos en la superficie, intentábamos distinguir bajo el agua las siluetas de las truchas acompañándonos en la travesía.

 



El sabor irrepetible del verano

Entre baños, juegos y búsquedas de madrillas y renacuajos, las horas pasaron volando.

 El rugido inequívoco del estómago nos avisó de que era la hora de comer.

Papá llamó y nos reunimos en la pradera, sentados en improvisadas sillas de piedra.

Mamá había preparado una ensaladilla de tomate con atún y un bocadillo de tortilla de patatas cocinado la noche anterior.

 Estaba de miedo.

 Nunca supe —ni aún sé— por qué aquellas ensaladillas y aquellos bocadillos, comidos en el campo, sabían infinitamente mejor que en casa, teniendo los mismos ingredientes.

 Todavía hoy sigo viendo, oliendo y saboreando aquellas comidas campestres de los domingos de verano junto al río.


La digestión, los juegos y las cartas

Después venían las horas de digestión. Tres si habías comido tomate. Dos si no.

Nunca entendí esa regla, y papá tampoco se molestó en explicarla: ¡era así,  y punto!.

 Mientras tanto, buscábamos renacuajos, o mirábamos como jugaban los mayores al remigio o al guiñote.

 Así aprendí yo a jugar. Me fijé tanto,  aprendí tan rápido, e insití aún más, que acabaron dejándome jugar "una partida".

 Una hora después,  los había dejado a todos pelados. Dijeron que fue suerte. Yo también lo he creído siempre…

 Aunque hoy mi nieto Albert, con seis años, también me gana al dominó, al parchís y a la oca.

¿Me pregunto si también será solo suerte?.

 

El último baño y la vuelta a casa

El día terminaba con el último baño, cuando el sol empezaba a filtrarse entre las copas de los árboles.

 


Recogíamos los bártulos y emprendíamos el regreso, cruzando el puente y subiendo el sendero hasta la carretera.

La vuelta se hacía tranquila, comentando las peripecias del día, mientras el sol se despedía en tonos rojizos, dibujando mil colores en el cielo jaqués.

 



Lo que mi padre quiso enseñarnos

Por la noche, papá nos preguntó:

 —¿Os ha gustado la playa?

 —¡Claro! —respondimos al unísono.

 Entonces nos dijo que, aunque no fuera una playa de mar como las de las postales, sí éramos unos privilegiados, por bañarnos en aquellas aguas claras  y cristalinas que nacían en el corazón de los Pirineos.

 

Que siempre las recordaríamos, estuviéramos donde estuviésemos.

Su mirada decía más que sus palabras.

 Fue siempre un enamorado de Jaca, de sus montañas, de la Escuela Militar de Montaña, de Candanchú, de Ordesa, del esquí y de toda la naturaleza que se respira en ese entorno único .

 Y, sobre todo, fue un gran padre que nos inculcó ese amor y respeto por esos valores, que nos han acompañado toda la vida.

 Gracias

Hoy, al escribir uno de mis recuerdos más entrañables,  desde lo más íntimo de mi corazón y de mi memoria, solo puedo decir a mis padres: muchas gracias.

 Gracias por compartir con nosotros ese sentimiento tan vuestro.

Gracias por dejarnos en herencia esa forma de amar esta tierra.

 El río Aragón, sus aguas claras, su murmullo constante, los prados verdes y los árboles que nos cobijaron siguen conversando, a vuestro lado, en silenciosa complicidad, de todos los momentos felices compartidos juntos.

 Un beso, papá.

 Un beso, mamá.

 Gracias por aquellos inolvidables veranos en la playa de Jaca, disfrutados a vuestro lado.


 Jorge de Aragón 

Recuerdos de Jaca 

jueves, 25 de abril de 2013

Mis recuerdos del Primer Viernes de Mayo en Jaca


 

Mis recuerdos del Primer Viernes de Mayo en Jaca: 

memoria y emoción


Tradición, infancia y emoción a la sombra del monte Oroel.

Una de las fiestas más bonitas, y de la que mejores recuerdos guardo en mi corazón, es sin duda la fiesta grande de Jaca: la conmemoración del Primer Viernes de Mayo.


El Conde Aznar,  haciendo su entrada triunfal en Jaca. Foto:(Pirineo Aragonés).

Pero, sobre todo, aquellos de los años cincuenta y sesenta, los de mi infancia.

Los de hoy son diferentes, incomparables: más vistosos, más coloridos y mejor simbolizados conforme a los tiempos modernos. 

Nada que ver con las imágenes que conviven en mi memoria.
Siempre esperaba ese día con inmensa ilusión. La ciudad y su gente —la que vive siempre allí y la que reside lejos y regresa expresamente para celebrarlo— le dan un aura única e incomparable.


Un momento del Desfile 

 Todo se mezcla: el ambiente, el colorido y la emoción tan propia de una fiesta profundamente jacetana.

El desfile marcial de labradores y artesanos, comandados por el Conde Aznar y secundados por las bellas labradoras y artesanas jacetanas.

La calle Mayor, abarrotada cantando el himno 


El himno, entonado con sentida emoción a las puertas del Ayuntamiento, con la multitud ocupando todo el ancho y largo de la calle Mayor; el saludo cruzado de banderas y el olor y sabor a pólvora de los disparos de los trabucos, en los lugares más emblemáticos del recorrido, consiguen que la sangre baturra fluya a borbotones y se desborde, incontroladamente, a la sombra del monte Oroel.


Días antes —en aquellos años— prácticamente todos los niños nos preocupábamos de tener nuestro particular bastón de hierro, al que llamábamos matamoros.


 

 Si no recuerdo mal, era una varilla de  hierro de casi un metro de largo; en un extremo le colocábamos un fulminante explosivo y en el otro, un aro circular a modo de empuñadura. 
Al accionarlo contra el suelo, el pistón estallaba e intentábamos sincronizar el sonido, con las descargas de los trabucos durante el desfile.

Hoy creo que esa tradición ha desaparecido, o al menos ha menguado lo suficiente como para pasar inadvertida. Supongo que a los que sois de mi generación os sonará de algo. En mis últimas visitas, durante esta celebración tan tradicional, no he podido observar ni cotejar esta lejana costumbre entre los chicos de hoy.



Templete de Santa Orosia 

 También recuerdo con especial cariño el año 1964. En el ya desaparecido templete de Santa Orosia, nacía la primera avanzadilla de Danzantes infantiles de paloteau, de la que fui uno de sus pioneros. 


Un momento de nuestra actuacion 

Meses antes, la hermandad de danzantes“mayores” nos reclutó a una docena de chicos de primero de bachiller del instituto Domingo Miral, para entrenarnos y coordinar a aquella singular cuadrilla.

Con palos de fresno en ambas manos, zapatillas de cáñamo, traje típico,  ancha faja morada de baturro y el pañuelo rojo sobre los hombros, danzábamos con ardor e ilusión en los diversos números, al compás de la traca del paloteau por las calles de Jaca.

Lo innegable, es que llamó mucho la atención aquel estreno de la nueva pandilla, encuadrada en el desfile de ese año, e incrustada entre las hermandades de artesanos y labradores. 

 

Soy yo (el autor ) 


Mucha gente nos seguía exclusivamente para vernos cada vez que nos tocaba “palotear”. 


También actuamos, invitados, a participar en el Festival Folclórico de los Pirineos.


Recuerdo también, con mucho cariño y auténtico orgullo, una actuación memorable en el Teatro Olimpia de Huesca, además de otras intervenciones en fiestas mayores de pueblos cercanos.




PRIMER GRUPO INFANTIL DANZANTES DE PALOTEAU SANTA OROSIA:  (1962) 



De Izda. a Dcha.…(fila superior) Carlos De Arriba, José L. Hijós, José L. Zemborain, Jorge Ochando, José M.ª Tomás y Ernesto Ara.(fila inferior) Enrique Piedrafita, Cerezo y Rafael Puyuelo.


Mi evocación especial y cariñosa para algunos nombres que mantengo muy presentes de aquella primera hornada, compañeros también de instituto: Gracia Rumi, Juan José Ventureira, J. Luis Zamborain, R. Puyuelo, Ernesto Ara, Hijós, J. M.ª Tomás Gracia, A. Cerezo, Enrique Piedrafita, Carlos De Arriba y J. Ochando, entre otros.

Un abrazo muy fuerte si alguno de vosotros lee estas líneas.

De nuevo, este próximo Primer Viernes de Mayo estaré en Jaca, mezclado con mi gente.

Y cuando suene el himno, volveré a ser, por un instante, aquel niño que lo vivía todo por primera vez.


“Jaca libre sabe vivir, a la sombra del monte Oroel”.


Jorge de Aragón 

        Recuerdos de Jaca 





 


martes, 19 de marzo de 2013

Mis Semanas Santas en Jaca (principios de los 60)



 Mis Semanas Santas en Jaca


en procesión 


       Antes de nada, me gustaría aclarar que la vida religiosa en aquella época era intensa. 

        Muy intensa.

Las iglesias se llenaban. Los domingos, alumnos, padres, maestros e incluso soldados acudían a misa casi por obligación. Desde pequeños en el colegio, memorizábamos el catecismo, y quien faltaba a misa el domingo, era castigado. 

La religión católica era oficial y su influencia lo impregnaba todo; cualquier otra creencia quedaba relegada al ámbito privado.

 

Otros momentos de la Semana Santa  
La Iglesia era severa. No se podía entrar con manga corta; las mujeres llevaban falda larga y velo cubriendo la cabeza. Eran normas asumidas con naturalidad, aunque hoy puedan parecernos rígidas.

Un año más, nos preparábamos para recibir la Semana Santa en Jaca.

En el colegio, y especialmente en la clase de Religión, aquellos días adquirían un tono distinto. Se nos advertía con rotundidad del recogimiento que debíamos mostrar. Todo debía ser respeto, acatamiento, silencio.


 Como preludio, una semana antes comenzaban los llamados “Ejercicios Espirituales”.

 Durante tres interminables días nos enclaustraban, unas veces en la Catedral y otras en la capilla del Instituto. 

 El mosén de turno nos ofrecía largas y profundas charlas. Los temas eran siempre los mismos: lo que nos esperaba si no éramos buenos católicos, si no rezábamos a diario o si faltábamos a misa.

El castigo eterno.

El fuego infinito.

           La condena sin final.

Procesión en Jaca de los 60

Después llegaba, para mí, lo peor: el silencio.

Un silencio impuesto, denso, casi físico. Nos obligaban a meditar sobre la vida eterna, el diablo y todo aquello que nuestras mentes infantiles podían imaginar tras aquellos sermones.

Recuerdo que me causaban más miedo esas horas inmóviles en los bancos de la Catedral, que cualquier otra amenaza. La penumbra, la humedad antigua de las bóvedas, el eco lejano de algún carraspeo… todo contribuía a una congoja difícil de explicar.

 Durante esos días, tenía el estómago revuelto y soñaba con pesadillas extrañas. Rezaba, sí, pero para que terminaran pronto aquellos ejercicios. Aún hoy, cuando esos recuerdos regresan, siento algún leve escalofrío.

 Si alguna vez pensé en estudiar teología, aquellos días me lo quitaron de raíz. Lo más cerca que estuve, fue ayudar a misa como monaguillo… quizá más por probar, a escondidas del padre Damián, aquel vino dulce antes de ser bendecido, que por verdadera vocación.

La Semana Santa también se oía.

En todas las emisoras de las radios, desde el lunes hasta el domingo de Resurrección, solo sonaba música sacra y conciertos clásicos interminables. La ciudad entera, parecía envuelta en una misma melodía grave que invitaba a la melancolía y al recogimiento.

A los niños se nos prohibía jugar, reír o cantar en la calle. Incluso en el recreo debíamos contenernos. Los glacis, habitualmente llenos de carreras y pelotazos, quedaban extrañamente vacíos. La campiña verde y las almenas de la Ciudadela parecían también contagiadas de aquel espíritu solemne.

Las visitas a las iglesias eran obligadas. Caminábamos en fila, de dos en dos y cogidos de la mano. Los altares, cubiertos con telas moradas, apenas dejaban ver las imágenes. Rezábamos, besábamos el pie del Cristo descubierto en la cruz y regresábamos al colegio en silencio.

Y luego estaban las procesiones.

Las del jueves y Viernes Santo eran un ritual ineludible. Los penitentes encapuchados, los romanos desfilando con paso marcial, los pasos arrastrados por las cofradías y la banda de música componían —y siguen componiendo— un espectáculo admirable en Jaca.

 Para quien no conozca la Semana Santa jacetana, puedo decir que es una de las más bellas e interesantes de España y merece la pena vivirla al menos una vez.

Recuerdo la semioscuridad total del entorno, y el respetuoso silencio del público. 

Cuando pasaba el entierro de Cristo, todos nos arrodillábamos y nos santiguábamos. Los militares hincaban la rodilla o saludaban firmes. 

 

Viernes Santo.  La procesión del santo entierro años 60

 

 A su  paso, todas las farolas de las calles y luces de los bares se apagaban a la vez. 

 El respeto era algo que convivía naturalmente con nuestras tradiciones.

El tiempo ha cambiado muchas cosas. Aquella severidad hoy puede parecer lejana, incluso excesiva para quienes no la vivieron. Pero también forma parte de una época concreta y de una manera de entender la fe y la vida.

Cada época tiene su manera de creer, de celebrar y de educar. Aquella fue la nuestra. Y aunque estuvo llena de claroscuros, también fue auténtica.

Así guardo yo mis Semanas Santas jacetanas: no como un juicio, sino como el testimonio sincero de un tiempo que ya no volverá, pero que sigue formando parte de lo que soy.

Porque, al fin y al cabo, entre el silencio de los templos, el redoble grave de los tambores y la mirada asustada de aquel niño que fui se fue forjando una parte de mi memoria. Y esa memoria —con sus sombras y su luz— todavía hoy camina conmigo cuando llega la primavera a Jaca.


Jorge de Aragón

       Recuerdos de Jaca 


                               Artículo publicado también en "Jacetania Express" 

                                   Mis Semanas Santas en Jaca. Por Jorge Ochando










jueves, 28 de febrero de 2013

Aquellas nevadas de Jaca


Aquellas nevadas de Jaca




Prólogo

Para mí, Jaca no es solo un lugar en el mapa; es un rincón entrañable y especial que permanece vivo en mi memoria, aunque los años y la distancia me hayan alejado de su entorno y de sus calles. 

Cada esquina, cada tejado cubierto de nieve y cada montaña que la rodea guarda la magia de los inviernos blancos de mi infancia. 

Este relato nace de ese amor profundo por la ciudad, y de aquellos inviernos en que la nieve no solo transformaba el paisaje, sino también nuestras inocentes aventuras, nuestras risas y algunas veces, aquellas ingenuas temeridades.

El recuerdo de esas nevadas

Al ver por la tele, y también las fotos que mis amigos jaqueses han colgado en las redes sobre las pasadas nevadas de este frío y borrascoso invierno en Jaca, acudieron a mi mente, casi como un flash, aquellos juegos que improvisábamos los críos sobre el blanco manto que cubría las calles y envolvía el paisaje de la ciudad. Una sonrisa pícara y una nostalgia cómplice me acompañaban.

Hace ya demasiado tiempo —años— que no veo nevar.

Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que mis ojos contemplaron una nevada como la de este singular invierno jaqués. Desde que me alejé de Jaca por las circunstancias de la vida —allá por 1966—, no he logrado coincidir ni compartir un invierno allí. Solo en mi memoria, y atesorados en los años de mi infancia, perduran aquellos recuerdos de nevadas formidables y sorprendentes.


Entrecierro los ojos, y los recuerdos me llevan a uno de esos días: salíamos del colegio y mirábamos hacia un cielo maquillado de un rosado blanquecino-plomizo. El aire permanecía inmóvil, y aunque el frío mordía, apenas lograba atravesar nuestra piel, acostumbrada a las temperaturas invernales de aquella latitud.


—¡Va a nevar… va a nevar! —era la sensación que bien conocíamos. La temperatura había caído por debajo de cero, y todo el día lloviznaba una aguanieve que anunciaba lo que estaba por venir.

La magia de la nieve

La nieve no tardó en aparecer. Primero, unos minúsculos copitos se agitaban en la brisa como preludio. Poco después, copos grandes y copiosos engalanaron los tejados y calles de Jaca, dibujando un manto inmaculado sobre el paisaje.

La gran Peña Oroel, las montañas de la Jacetania y la cadena pre-Pirenaica, con Collarada como capitana, se enfundaban en su inmaculado invierno, espléndidas y silenciosas.

Para nosotros, los niños de entonces —tan rudimentarios como valientes— una nevada así, medio metro y a veces hasta más, era un regalo sublime de la Naturaleza.

 


Nos encantaba perfilar surcos sobre el blanco nítido y suave de la nieve. Las calles y aceras desaparecían bajo el manto; en el patio, trazábamos laberintos de nieve sin sentido y vivíamos las más disparatadas aventuras, dignas de audaces cosacos sobre la estepa recién creada a nuestro alrededor.

Trineos improvisados y osadía sin límites

Con dos cañas de escoba, y un cajón de madera de embalaje de frutas, inventábamos y construíamos los trineos más veloces de la historia —tracción humana—. Con ignorancia del peligro, temeridad y osadía sin límites, éramos, sin saberlo, los primeros intrépidos “bobsleighs” de Jaca.

Nuestra especialidad consistía en deslizarnos por calles o laderas de montículos pendiente abajo, sin frenos ni paracaídas. Algunas veces —casi siempre— aterrizábamos como podíamos en los zarzales; otras, en charcos helados que crujían al romperse bajo nuestro peso; otras chocando con mojones de piedras que nos escupían al aire, dándonos varias vueltas de campana; y otras, cuando el trineo, al no estar diseñado por ningún ingeniero de Ferrari, simplemente se desintegraba con la velocidad y vibraciones descontroladas.



Frenar era otra dificultad añadida. Siempre mirábamos de reojo que no se cruzara un árbol en nuestro camino. La noción del peligro no existía en nuestro vocabulario.

Había otra opción: atarnos los anoraks o bolsas de plástico a la cintura y sentarnos sobre ellos. La velocidad era parecida, pero la “carrocería” —nuestro trasero— pagaba el precio si aparecía algún obstáculo inesperado. Carcajadas incontroladas acompañaban cada impacto sobre el “hueso de la risa” del sacro… (lo digo por experiencia).

Juegos, risas y muñecos de nieve

Lanzarnos rodando por la pendiente del Ferial, acumulando bolas de nieve humanas, o construir mini-iglús donde escondernos era parte de nuestra rutina. Tallábamos figuras, monigotes y muñecos de nieve, con su nariz de zanahoria, sombrero de paja y escoba de fusil. Las guerras de bolazos de nieve entre pandillas del colegio llenaban los glacis de risas y estrépito.


Hoy, viendo las fotos de mi querido pueblo, vuelvo a saborear esos recuerdos. Jaca, siempre añorada, amada y suspirada, conserva su hechizo intacto para quien la conoce y la disfruta. Fui un privilegiado de aquellas vivencias, y su magia permanece en mí.


Epílogo

Casi cincuenta años después,  al mirar las fotos de Jaca cubierta de nieve, siento de nuevo aquella emoción infantil: la expectación ante la primera nevada, el frío que apenas se notaba, las carreras, los trineos improvisados y las bolas de nieve que nos perseguían mientras reíamos sin control.

La ciudad ha cambiado, y algunas calles y rostros son distintos, pero Jaca sigue siendo la misma en esencia, con su magia intacta, la misma que me acompañó en aquellos inviernos de mi infancia.

Poder revivirlo, recordarlo y compartirlo es un regalo: la ciudad entrañable que amo, siempre blanca y acogedora, sigue latiendo en mi memoria, como si el tiempo respetara la nieve y conservara para mí aquel paisaje que me hizo tan feliz.

 

Jorge de Aragón

        Recuerdos de Jaca 

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martes, 11 de diciembre de 2012

Radio Jaca: historia, pioneros y recuerdos de La Voz del Pirineo (1958-1965)

 


 

La Voz del Pirineo: historia y memoria de Radio Jaca (1958–1965)





 Crónica de una emisora que marcó la vida social y cultural de Jaca, reconstruida entre la memoria personal y los testimonios de una época casi olvidada.


(18-11-1958 – 03-07-1960)

Radio Popular EOP 76 (03-07-1960 – 16-07-1965)

 

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Durante apenas siete años, entre 1958 y 1965, una pequeña emisora situada en lo alto de un edificio de Jaca consiguió algo que hoy parece difícil de imaginar: convertirse en el centro de la vida cotidiana de toda una ciudad y su comarca.

Bajo el nombre de Radio Jaca —La Voz del Pirineo—, sus emisiones acompañaron la vida cotidiana de toda una época, dieron voz a sus gentes y dejaron una huella que, con el paso del tiempo, ha corrido el riesgo de desvanecerse.

Este artículo,  recupera una pequeña parte de esa historia combinando recuerdos personales con información reconstruida años después, para devolver a la memoria colectiva el legado de aquellos pioneros que, con medios modestos pero con enorme entusiasmo, hicieron posible una de las experiencias radiofónicas más singulares del Pirineo aragonés.

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La radio de mi infancia


Durante mi infancia en Jaca, tuve la suerte de crecer acompañado por las emisiones de Radio Jaca, que sonaban como una música de fondo en el comedor de mi casa.

Para mí, aquella radio era mucho más que un aparato: era un mundo fantástico que se colaba por aquella mágica ventana de madera forrada de tela, con sus teclas de plástico, sus ruedecillas y aquel dial algo inestable que parecía tener vida propia.

Con el paso del tiempo y mirando hacia atrás con cierta nostalgia, da la sensación de que Radio Jaca —“La Voz del Pirineo”— nunca hubiera existido… y sin embargo, ¡cuánto nos dio! Qué importante fue para llenar aquel vacío informativo, social y cultural en Jaca y en toda la Jacetania.

Con los años, también me ha quedado una sensación difícil de explicar: la de que, pese a todo lo que significó aquella emisora, apenas se ha dejado constancia escrita de su historia y de sus protagonistas.

Quizá nadie haya recogido como se merecía la memoria de aquellos pioneros… y tal vez nadie vuelva a hacerlo.

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Los comienzos: una voz en el Pirineo

Aunque Radio Jaca comenzó oficialmente sus emisiones en 1958, la historia de la radio en la ciudad se remonta a años anteriores.

En 1936, los hermanos Borau, grandes aficionados a la radio pusieron en marcha una pequeña emisora de onda corta conocida como “La 2 BH”. En aquellos años difíciles, sirvió para mantener en contacto a muchas familias, permitiendo que unos y otros supieran de sus vidas. Aquella primera experiencia, centrada sobre todo en la música, dejó de funcionar en 1942, pero sembró la semilla de lo que vendría después.

El nacimiento en 1958 de Radio Jaca —“La Voz del Pirineo”— se debió a la ilusión de los propios hermanos Borau junto a Armando Abadía, entusiastas de todo aquello que suponía progreso para la ciudad y la comarca.

Antena de Radio Jaca en la actualidad
Radio Jaca emprendió sus emisiones el 18 de noviembre de 1958 desde el último piso de la entonces Avenida José Antonio Primo de Rivera, número 5 (Casa Borau), hoy Avenida Primer Viernes de Mayo.

El 19 de noviembre, se agregaba a la radio Pascual Sánchez, personaje notorio y animador de cuantos actos culturales y benéficos se celebraban en Jaca. 

Poco después, llegaba otra voz femenina: Menchu Marcuello. Poco a poco se irían sumando nuevos participantes: José Luis Bescós, Jesús Dumall, Fabri en la parte musical, Luis María Sanz y Sergio Ochando en el control y María Pilar Ayarra como locutora.

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La sintonía de una época

En el tejado se alzaba una gran antena, visible desde casi toda la ciudad, que aún hoy sigue en pie como testigo silencioso de aquella aventura.

Desde el ultimo piso de este edificio emitía Radio Jaca
La sintonía de apertura era inconfundible: una jota —De Jaca por Hecho a Ansó— seguida de aquella frase que todavía resuena en mi memoria:

¡¡Aquí Radio Jaca… la voz del Pirineo!!—

Habitualmente era una voz femenina la que nos daba la bienvenida: Mari Carmen Vela, Alicia Rivero o Mari Carmen Ramón, esta última especialmente cercana y entrañable, con una voz cálida y natural que parecía hablar directamente a cada hogar.

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Las voces y los pioneros

Pioneros de Radio Jaca
fila inferior:
 Luis Maria Sanz, Pili Villanua, Menchu Marcuello, Alicia Rivero, 
MªCarmen Vela y Armando Abadia
fila central:
Pascual Borau, Luis Ochando, J.Luis Bescos, Mª Carmen Ramon,
Julián Calvo, Carlos Sanchez-Cruzat, "Pepitico"
Fila superior:
Pascual Sanchez  y Fabriciano Martinez ("Fabri")

Detrás de aquella radio había un grupo de personas que, en su mayoría, no eran profesionales, pero sí auténticos apasionados.

Fabriciano Martinez
Los hermanos Borau fueron los impulsores de la emisora, y junto a ellos participaron nombres como Armando Abadía, Alicia Rivero, Mari Carmen Ramón, Menchu Marcuello, Pascual Sánchez, José Luis Bescós, Pilar Ayarra o Jesús Dumall, además de mi padre, Luis Ochando, como director.

Fabriciano Martínez, “Fabri”, era el alma musical de la emisora, encargado de la discoteca y de dar personalidad a cada programa. José Luis Bescós y Armando Abadía dirigían el informativo Vértice de Actualidad, centrado en la vida cotidiana de Jaca, mientras que Jesús Dumall impulsaba "Marcador", dedicado al ámbito deportivo.

Años después supe que incluso se organizó un concurso titulado ¿Quiere usted ser locutor?, en el que participaron doce aspirantes y fueron los propios oyentes quienes eligieron a las nuevas voces de la emisora. Ese detalle refleja perfectamente hasta qué punto Radio Jaca era una radio hecha con y para su gente.

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Mi padre y la radio

Mi padre, Luis Ochando, militar destinado en la Escuela Militar de Montaña, era un apasionado de la radiodifusión.

Ya en su anterior destino había realizado pequeñas emisiones con medios muy rudimentarios, retransmitiendo partidos de fútbol entre soldados. Aquella afición llamó la atención de los hermanos Borau, que no dudaron en contar con él para colaborar en Radio Jaca.


 (a la derecha)  mi padre Luis Ochando en la EMM
Se encargó de la programación, escribió guiones y aportó ideas nuevas, algunas de ellas orientadas a una línea más comercial, como"DICORA" (Diapositivas Comerciales Radiofónicas).

Con el tiempo supe también que fue el autor de "La alfombra mágica", un programa que invitaba a viajar con la imaginación a distintos lugares del mundo. Saber esto años después fue, para mí, algo muy especial.



 

Panel de controles de Radio Jaca

 

Mi hermano Sergio Ochando, también apasionado de la electrónica, colaboró durante bastante tiempo junto a Luis María Sanz en el control técnico de la emisora.


Sergio Ochando, tambien en controles

 

 

También hubo muchos otros pioneros anónimos que, con su entusiasmo, hicieron de Radio Jaca una emisora ágil, cercana y profundamente humana.

 



  Todos ellos emprendieron aquella aventura de forma desinteresada, como sencillos aficionados, con su entusiasmo por bandera. 

Luis Maria Sanz a los controles de Radio Jaca

Por eso merecen este pequeño homenaje por todo lo que nos regalaron: emoción, compañía y noches llenas de sueños.

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Programas, vida y emoción en las ondas

Radio Jaca ofrecía una programación variada y cercana. Había de todo: informativos, música, concursos, humor y espacios culturales.

Recuerdo especialmente "Estrellas del Jueves", donde cualquiera podía participar. Yo mismo, con apenas ocho o nueve años, me subí a aquel escenario invisible para recitar poemas de la escuela.

Otros programas que dejaron huella fueron:

Escenario de actuaciones de Radio Jaca
Casos raros y cosas raras, de Paco         Dumas 

Pentagrama, dedicado a la música clásica 

De corazón a corazón, con un fuerte componente solidario 

El mago Chipirón, dirigido a los más pequeños 

Intermedio poético 

Cuarto de estar 

Cita con las estrellas 

Escalera de color 

Europa opina de Jaca y Jaca opina de Jaca 

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Una radio al servicio de la gente

Si algo definía a Radio Jaca era su cercanía.

Las campañas solidarias, especialmente en Navidad, eran momentos de enorme emoción. La respuesta de la gente era siempre generosa, sincera y profundamente humana.

Aquella radio no solo informaba o entretenía: unía a las personas.


 Recreación postal de Radio Jaca y  su  antena sobre el edificio 
 

De Radio Jaca a Radio Popular

Algunos de los primeros pioneros de Radio Jaca
En la primavera de 1960, la emisora sufrió una interrupción que fue comunicada como una avería. La reacción de la ciudad fue inmediata: nadie quería perder su radio.

Gracias al apoyo del Obispado, que disponía de concesiones radiofónicas, se puso en marcha una nueva etapa con una emisora más potente.

Así nació Radio Popular de Jaca (EOP 76), ampliando horarios, programación y alcance, y consolidándose como un verdadero punto de encuentro cultural por el que pasaron artistas, compañías teatrales y numerosas figuras del momento.

 

Otro momento de primeros pioneros de Radio Jaca


La emisora se convirtió en un auténtico punto de encuentro cultural. Por sus micrófonos pasaron artistas, compañías teatrales, cantantes y todo tipo de personalidades.


 

 

Ricardo Tundidor
 

 También, y  procedente de la EMM, donde estaba     cumpliendo  el servicio militar como Cabo Gastador,   Ricardo Tundidor, también contribuyó  un tiempo  en   Radio Jaca como colaborador en varios programas:   (posteriormente y tras acabar la mili, fue un magnífico actor de teatro, cine, televisión y por supuesto de doblaje,

 


                       

    El principio del final 
                    Foto de la revista "Jacetania"
Una de las ultimas fotos de aquellos
pioneros de Radio Jaca "La voz del Pirineo"

 Con el paso del tiempo, y también por la llegada de contenidos externos y el auge de la televisión a partir de 1963, la radio fue perdiendo parte de su espontaneidad inicial.

          El golpe definitivo llegó en 1965.

Una normativa estatal limitó a una emisora por provincia en el ámbito de la Iglesia. En un primer momento parecía que Jaca sería la elegida, pero la decisión cambió en el último instante en favor de Huesca, en circunstancias que nunca quedaron del todo claras..

El 16 de julio de 1965, Radio Popular de Jaca cesaba definitivamente sus emisiones.

La ciudad lo sintió profundamente. No desaparecía solo una emisora… desaparecía una parte de su vida.



 

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Epílogo personal

Muchos años después, investigando en hemerotecas y gracias a información que encontré casi por casualidad, he podido reconstruir mejor lo que fue Radio Jaca.

Pero hay algo que forma parte esencial de este artículo.

Mi padre, Luis Ochando, llevaba en su memoria —y también en algunas anotaciones— buena parte de esta historia. Siempre tuvo la intención de escribirla… pero la vida no le concedió ese tiempo.

 
   Mi padre Luis Ochando 

De algún modo, este artículo nace también de esas notas y de esos recuerdos que he querido rescatar.

Mi recuerdo muy especial para ti, papá…

Sé que este texto lo llevabas dentro. Yo solo he intentado escribirlo por ti, a mi manera… pero con todo mi corazón.

Porque Radio Jaca no fue solo una emisora.

Fue una forma de vivir, de compartir… y de soñar.

Y ojalá que estas palabras sirvan, aunque sea humildemente, para que ni su historia ni la de sus pioneros caigan en el olvido.



Agradecimientos

 Mi reconocimiento y gratitud a Luis María Sanz, a su hija Anabel Sanz y a su mujer Pili Villanua por su colaboración desinteresada y por la aportación de información y material fotográfico.

 También a mi hermano Sergio, por ayudarme a viajar hacia atrás en el tiempo y completar estos recuerdos.

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Creo que lo que he escrito es algo que debía haberse contado antes: un reconocimiento a quienes hicieron de Jaca un referente radiofónico.

          Quizá se ha tardado demasiado, pero yo quería contarlo como lo viví.

Porque, para mí, Jaca es memoria, es infancia, es emoción… y es el lugar donde aprendí, sin saberlo, el valor de las pequeñas cosas.

 


Jorge de Aragón
Recuerdos de Jaca

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A continuación,  paso a transcribir algunos fragmentos de la información obtenida a través de pequeñas reseñas del Pirineo Aragonés, sobre diferentes momentos registrados en la vida jaquesa de Radio Jaca,  en los años que estuvo en antena, y sobre todo de  la actividad que desempeñó y compartió,  en las distintas campañas de Caridad y beneficencia,  en pro siempre de los mas necesitados

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EL EXCELENTISIMO AYUNTAMIENTO  SE UNE A

  “AMIGOS DE RADIO JACA”

El 26-12-1959  El entonces alcalde de Jaca Benigno Fanlo Cayuela, aprueba por unanimidad suscribir el Ayuntamiento de Jaca,  como Amigo de Radio Jaca, con la aportación para todo el año 1960 de la cantidad de 12.000 ptas. al  estimar el extraordinario interés  para Jaca de la emisora tanto en el ambiente comarcal como para el resto de España. El Ayuntamiento ve con suma simpatía el acuerdo, ya que opina que el buen y digno funcionamiento de la emisora es necesario en el conjunto de las instituciones y elementos que pueden prestar a Jaca, prestigio y categoría.

(El Pirineo Aragonés 26-12-1959)

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 Navidades 1959

CAMPAÑA DE RADIO JACA “DE CORAZON A CORAZON” 

Los locutores y locutoras de Radio Jaca se multiplican para imprimir a sus emisiones el sello de caridad a la luz del evangelio que preside esta eficaz y fructífera campaña.

Las señoritas locutoras que tan brillantemente colaboran en esta campaña de Radio Jaca con los locutores y que han leído a través de los micrófonos tan bellos preámbulos que han calado y llegado a los corazones Jaqueses son la siguientes por orden de actuación: Mª Pilar Armand, Mª Carmen Nasarre, Angelines Oros, Mary Sol Ruiz, Mª Ángeles del Pueyo, Mª Carmen Mola, Charito Corbas, y Mª Carmen Garnica.

Se han llegado a registrar hasta setenta y ocho llamadas telefónicas a la Emisora en un solo día, en el espacio de media hora que Radio Jaca destina a estimular la caridad jaquesa, que tan digna y generosamente están respondiendo

Enhorabuena a Radio Jaca, por la efectividad y magnifico montaje de sus emisiones que alcanzan ya gran categoría, de tal modo que no desentonan en el concierto de emisiones nacionales de mas grandes poblaciones.

La magnifica campaña de caridad llevada a cabo por Radio Jaca, bajo el  lema “De Corazón a Corazón” ha hallado tal eco en los buenos corazones jaqueses, que la recaudación de 50.000 ptas. y una gran cantidad de donativos en especies ha  permitido entregar esplendidos aguinaldos entre los pobres de la ciudad.

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INAUGURACION DE RADIO POLULAR DE JACA E.O.P. 76

A la una y media del pasado domingo fue inaugurada y bendecida con toda solemnidad por el Excmo. Rvdmo. Señor obispo de Jaca, doctor D. Ángel Hidalgo, la nueva emisora diocesana “Radio Popular de Jaca E.O.P. 76”

Asistieron a la inauguración todas las autoridades locales, y como director de emisora ha sido designado el  canónigo D. Carlos Martínez de Galarreta.

El veterano locutor D. Armando Abadía  fue el encargado de comunicar a través de los micrófonos el acto de bendición e inauguración

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CAMPAÑA DE CARIDAD EN LAS NAVIDADES 1960

 DE RADIO POPULAR DE JACA

 De un modo original y atrayente se esta realizando la campaña de caridad por la emisora local diocesana de radio popular de jaca; el titulo de la emisión es el de “Liga de Caridad”

A este fin se han formado cuatro equipos futbolísticos, especiales, integrados cada uno de ellos por dos señoritas alineadas del siguiente modo: Equipo BLANCO, Mª Teresa Bardavío y Rosa Mari Noguero; equipo AZUL, Mª Teresa Abadía y Feli Bandrés; equipo NEGRO, Mª Fernanda Izuel y  Rosa Carmen Riedel; equipo ROJO, Mª Nieves Paules y Mº Carmen Divi. El arbitro del partido, el locutor Pascual Sánchez

Cada día juegan dos equipos en forma de campeonato de liga; cada gol esta valorado en 20 duros y los hinchas de cada equipo llaman por teléfono a la emisora para hacer sus ofertas  (donativos) a favor del equipo de sus simpatías; cuando el donativo no alcanza las 100 pts.se va sumando a las fracciones hasta conseguir marcar el gol, (100 pts.)

 Además cada equipo admite regalos como especias, que luego serán subastados y su importe se sumara a sus marcadores correspondientes. Aunque no cabe duda de que este año se notan los efectos de la “estabilización” la recaudación se aproxima en estos momentos a 40.000 ptas. Porque estas señoritas y los colegiados hacen maravillas para conseguir aumentar el tanteo y Dios les ayuda ya que el fin que se han propuesto es el mas sagrado y sublime en pos de la Caridad en estas fechas tan cristianas.

Radio Jaca patrocino junto la Delegación Local de Juventudes, y Acción católica  la cabalgata de reyes de 1960.

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1962

Aprovechando este evento especial de la visita de este afamado Circo, un locutor y mi hermano Sergio Ochando, se desplazaron hasta el mismo (situado en los glacis)  con un magnetofón y  entrevistaron  al famoso cantaor andaluz, ANTONIO MOLINA que dicho sea de paso, tuvo una gran actuación esos días en el circo y en nuestra ciudad,  alcanzando todo un éxito y una gran repercusión  entre las fans de la época



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(Septiembre de 1962): 

PROGRAMA DE AYUDA PARA LOS DANMIFICADOS

 POR LA CATASTROFE DE CATALUÑA 

Si Jaca ha sabido vibrar en cualquier circunstancia, cuando de hacer caridad se ha tratado, en el caso de los damnificados catalanes ha sido tal el impacto quela población ha experimentado, que verdaderamente conmocionada por la gran catástrofe sufrida por Cataluña ha respondido con un corazón tan amplio que sus aportaciones superan a cuantas se han realizado en nuestra ciudad con fines benéficos, incluidas las campañas de Navidad,

El Ayuntamiento de Jaca, Radio Popular de Jaca, y el Orfeón Jacetano, pueden sentirse muy orgullosos de  sus esfuerzos y magnifica labor desarrollada, así como el pueblo jacetano, que es quien con sus desinteresadas aportaciones, ha hecho posible que la recaudación haya alcanzado hasta el momento, la estimable cifra de 100.424 pts.

 

En una pequeña población como la nuestra. Se han registrado casos emocionantes como el de una niña que  entrego para los damnificados de Cataluña, la totalidad de sus ahorrillos de su hucha, o los que, ante la apremiante demanda de “Radio Jaca” por medio de su locutor, Pascual Sánchez, solicitando recursos para los perjudicados por la catástrofe, llegaran a donar sus donativos a la emisora durante el desarrollo de una gran tormenta.  

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CAMPAÑA DE NAVIDAD DE RADIO POPULAR DE JACA

“LOS BANQUERITOS DE LA NAVIDAD”

Radio jaca se esta apuntando un nuevo y merecido éxito, con su magnifica campaña de navidad y reyes en pro del necesitado; este año la realiza con una nueva y original modalidad que denomina “Los Banqueritos de La Navidad”: todas las noches desde el pasado 14 de Diciembre un grupo de niños jaqueses se desplazan  a los estudios de la  Emisora de radio popular de Jaca, y cantan villancicos o recitan poesías al niño Dios, que luego son premiadas por sus familiares y amigos con sendos donativos; hasta la noche del jueves se llevaba recaudado sobre unas 25.000 ptas. con destino a nuestros hermanos pobres.

El día 23 víspera de la Noche Buena, clausuró radio popular de jaca su magnifica campaña de navidad en pro del necesitado, en un grandioso acto que tuvo lugar en los salones del Casino Principal con intervención de todas las agrupaciones musicales y corales que han intervenido en esta campaña y también la presencia de numerosos “banqueritos de la navidad”

La campaña fue cerrada con un broche de oro y habiéndose rebasado la recaudación para los mas necesitados en mas de 45.000 pts.