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martes, 11 de diciembre de 2012

Radio Jaca: historia, pioneros y recuerdos de La Voz del Pirineo (1958-1965)

 


 

La Voz del Pirineo: historia y memoria de Radio Jaca (1958–1965)





 Crónica de una emisora que marcó la vida social y cultural de Jaca, reconstruida entre la memoria personal y los testimonios de una época casi olvidada.


(18-11-1958 – 03-07-1960)

Radio Popular EOP 76 (03-07-1960 – 16-07-1965)

 

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Durante apenas siete años, entre 1958 y 1965, una pequeña emisora situada en lo alto de un edificio de Jaca consiguió algo que hoy parece difícil de imaginar: convertirse en el centro de la vida cotidiana de toda una ciudad y su comarca.

Bajo el nombre de Radio Jaca —La Voz del Pirineo—, sus emisiones acompañaron la vida cotidiana de toda una época, dieron voz a sus gentes y dejaron una huella que, con el paso del tiempo, ha corrido el riesgo de desvanecerse.

Este artículo,  recupera una pequeña parte de esa historia combinando recuerdos personales con información reconstruida años después, para devolver a la memoria colectiva el legado de aquellos pioneros que, con medios modestos pero con enorme entusiasmo, hicieron posible una de las experiencias radiofónicas más singulares del Pirineo aragonés.

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La radio de mi infancia


Durante mi infancia en Jaca, tuve la suerte de crecer acompañado por las emisiones de Radio Jaca, que sonaban como una música de fondo en el comedor de mi casa.

Para mí, aquella radio era mucho más que un aparato: era un mundo fantástico que se colaba por aquella mágica ventana de madera forrada de tela, con sus teclas de plástico, sus ruedecillas y aquel dial algo inestable que parecía tener vida propia.

Con el paso del tiempo y mirando hacia atrás con cierta nostalgia, da la sensación de que Radio Jaca —“La Voz del Pirineo”— nunca hubiera existido… y sin embargo, ¡cuánto nos dio! Qué importante fue para llenar aquel vacío informativo, social y cultural en Jaca y en toda la Jacetania.

Con los años, también me ha quedado una sensación difícil de explicar: la de que, pese a todo lo que significó aquella emisora, apenas se ha dejado constancia escrita de su historia y de sus protagonistas.

Quizá nadie haya recogido como se merecía la memoria de aquellos pioneros… y tal vez nadie vuelva a hacerlo.

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Los comienzos: una voz en el Pirineo

Aunque Radio Jaca comenzó oficialmente sus emisiones en 1958, la historia de la radio en la ciudad se remonta a años anteriores.

En 1936, los hermanos Borau, grandes aficionados a la radio pusieron en marcha una pequeña emisora de onda corta conocida como “La 2 BH”. En aquellos años difíciles, sirvió para mantener en contacto a muchas familias, permitiendo que unos y otros supieran de sus vidas. Aquella primera experiencia, centrada sobre todo en la música, dejó de funcionar en 1942, pero sembró la semilla de lo que vendría después.

El nacimiento en 1958 de Radio Jaca —“La Voz del Pirineo”— se debió a la ilusión de los propios hermanos Borau junto a Armando Abadía, entusiastas de todo aquello que suponía progreso para la ciudad y la comarca.

Antena de Radio Jaca en la actualidad
Radio Jaca emprendió sus emisiones el 18 de noviembre de 1958 desde el último piso de la entonces Avenida José Antonio Primo de Rivera, número 5 (Casa Borau), hoy Avenida Primer Viernes de Mayo.

El 19 de noviembre, se agregaba a la radio Pascual Sánchez, personaje notorio y animador de cuantos actos culturales y benéficos se celebraban en Jaca. 

Poco después, llegaba otra voz femenina: Menchu Marcuello. Poco a poco se irían sumando nuevos participantes: José Luis Bescós, Jesús Dumall, Fabri en la parte musical, Luis María Sanz y Sergio Ochando en el control y María Pilar Ayarra como locutora.

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La sintonía de una época

En el tejado se alzaba una gran antena, visible desde casi toda la ciudad, que aún hoy sigue en pie como testigo silencioso de aquella aventura.

Desde el ultimo piso de este edificio emitía Radio Jaca
La sintonía de apertura era inconfundible: una jota —De Jaca por Hecho a Ansó— seguida de aquella frase que todavía resuena en mi memoria:

¡¡Aquí Radio Jaca… la voz del Pirineo!!—

Habitualmente era una voz femenina la que nos daba la bienvenida: Mari Carmen Vela, Alicia Rivero o Mari Carmen Ramón, esta última especialmente cercana y entrañable, con una voz cálida y natural que parecía hablar directamente a cada hogar.

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Las voces y los pioneros

Pioneros de Radio Jaca
fila inferior:
 Luis Maria Sanz, Pili Villanua, Menchu Marcuello, Alicia Rivero, 
MªCarmen Vela y Armando Abadia
fila central:
Pascual Borau, Luis Ochando, J.Luis Bescos, Mª Carmen Ramon,
Julián Calvo, Carlos Sanchez-Cruzat, "Pepitico"
Fila superior:
Pascual Sanchez  y Fabriciano Martinez ("Fabri")

Detrás de aquella radio había un grupo de personas que, en su mayoría, no eran profesionales, pero sí auténticos apasionados.

Fabriciano Martinez
Los hermanos Borau fueron los impulsores de la emisora, y junto a ellos participaron nombres como Armando Abadía, Alicia Rivero, Mari Carmen Ramón, Menchu Marcuello, Pascual Sánchez, José Luis Bescós, Pilar Ayarra o Jesús Dumall, además de mi padre, Luis Ochando, como director.

Fabriciano Martínez, “Fabri”, era el alma musical de la emisora, encargado de la discoteca y de dar personalidad a cada programa. José Luis Bescós y Armando Abadía dirigían el informativo Vértice de Actualidad, centrado en la vida cotidiana de Jaca, mientras que Jesús Dumall impulsaba "Marcador", dedicado al ámbito deportivo.

Años después supe que incluso se organizó un concurso titulado ¿Quiere usted ser locutor?, en el que participaron doce aspirantes y fueron los propios oyentes quienes eligieron a las nuevas voces de la emisora. Ese detalle refleja perfectamente hasta qué punto Radio Jaca era una radio hecha con y para su gente.

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Mi padre y la radio

Mi padre, Luis Ochando, militar destinado en la Escuela Militar de Montaña, era un apasionado de la radiodifusión.

Ya en su anterior destino había realizado pequeñas emisiones con medios muy rudimentarios, retransmitiendo partidos de fútbol entre soldados. Aquella afición llamó la atención de los hermanos Borau, que no dudaron en contar con él para colaborar en Radio Jaca.


 (a la derecha)  mi padre Luis Ochando en la EMM
Se encargó de la programación, escribió guiones y aportó ideas nuevas, algunas de ellas orientadas a una línea más comercial, como"DICORA" (Diapositivas Comerciales Radiofónicas).

Con el tiempo supe también que fue el autor de "La alfombra mágica", un programa que invitaba a viajar con la imaginación a distintos lugares del mundo. Saber esto años después fue, para mí, algo muy especial.



 

Panel de controles de Radio Jaca

 

Mi hermano Sergio Ochando, también apasionado de la electrónica, colaboró durante bastante tiempo junto a Luis María Sanz en el control técnico de la emisora.


Sergio Ochando, tambien en controles

 

 

También hubo muchos otros pioneros anónimos que, con su entusiasmo, hicieron de Radio Jaca una emisora ágil, cercana y profundamente humana.

 



  Todos ellos emprendieron aquella aventura de forma desinteresada, como sencillos aficionados, con su entusiasmo por bandera. 

Luis Maria Sanz a los controles de Radio Jaca

Por eso merecen este pequeño homenaje por todo lo que nos regalaron: emoción, compañía y noches llenas de sueños.

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Programas, vida y emoción en las ondas

Radio Jaca ofrecía una programación variada y cercana. Había de todo: informativos, música, concursos, humor y espacios culturales.

Recuerdo especialmente "Estrellas del Jueves", donde cualquiera podía participar. Yo mismo, con apenas ocho o nueve años, me subí a aquel escenario invisible para recitar poemas de la escuela.

Otros programas que dejaron huella fueron:

Escenario de actuaciones de Radio Jaca
Casos raros y cosas raras, de Paco         Dumas 

Pentagrama, dedicado a la música clásica 

De corazón a corazón, con un fuerte componente solidario 

El mago Chipirón, dirigido a los más pequeños 

Intermedio poético 

Cuarto de estar 

Cita con las estrellas 

Escalera de color 

Europa opina de Jaca y Jaca opina de Jaca 

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Una radio al servicio de la gente

Si algo definía a Radio Jaca era su cercanía.

Las campañas solidarias, especialmente en Navidad, eran momentos de enorme emoción. La respuesta de la gente era siempre generosa, sincera y profundamente humana.

Aquella radio no solo informaba o entretenía: unía a las personas.


 Recreación postal de Radio Jaca y  su  antena sobre el edificio 
 

De Radio Jaca a Radio Popular

Algunos de los primeros pioneros de Radio Jaca
En la primavera de 1960, la emisora sufrió una interrupción que fue comunicada como una avería. La reacción de la ciudad fue inmediata: nadie quería perder su radio.

Gracias al apoyo del Obispado, que disponía de concesiones radiofónicas, se puso en marcha una nueva etapa con una emisora más potente.

Así nació Radio Popular de Jaca (EOP 76), ampliando horarios, programación y alcance, y consolidándose como un verdadero punto de encuentro cultural por el que pasaron artistas, compañías teatrales y numerosas figuras del momento.

 

Otro momento de primeros pioneros de Radio Jaca


La emisora se convirtió en un auténtico punto de encuentro cultural. Por sus micrófonos pasaron artistas, compañías teatrales, cantantes y todo tipo de personalidades.


 

 

Ricardo Tundidor
 

 También, y  procedente de la EMM, donde estaba     cumpliendo  el servicio militar como Cabo Gastador,   Ricardo Tundidor, también contribuyó  un tiempo  en   Radio Jaca como colaborador en varios programas:   (posteriormente y tras acabar la mili, fue un magnífico actor de teatro, cine, televisión y por supuesto de doblaje,

 


                       

    El principio del final 
                    Foto de la revista "Jacetania"
Una de las ultimas fotos de aquellos
pioneros de Radio Jaca "La voz del Pirineo"

 Con el paso del tiempo, y también por la llegada de contenidos externos y el auge de la televisión a partir de 1963, la radio fue perdiendo parte de su espontaneidad inicial.

          El golpe definitivo llegó en 1965.

Una normativa estatal limitó a una emisora por provincia en el ámbito de la Iglesia. En un primer momento parecía que Jaca sería la elegida, pero la decisión cambió en el último instante en favor de Huesca, en circunstancias que nunca quedaron del todo claras..

El 16 de julio de 1965, Radio Popular de Jaca cesaba definitivamente sus emisiones.

La ciudad lo sintió profundamente. No desaparecía solo una emisora… desaparecía una parte de su vida.



 

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Epílogo personal

Muchos años después, investigando en hemerotecas y gracias a información que encontré casi por casualidad, he podido reconstruir mejor lo que fue Radio Jaca.

Pero hay algo que forma parte esencial de este artículo.

Mi padre, Luis Ochando, llevaba en su memoria —y también en algunas anotaciones— buena parte de esta historia. Siempre tuvo la intención de escribirla… pero la vida no le concedió ese tiempo.

 
   Mi padre Luis Ochando 

De algún modo, este artículo nace también de esas notas y de esos recuerdos que he querido rescatar.

Mi recuerdo muy especial para ti, papá…

Sé que este texto lo llevabas dentro. Yo solo he intentado escribirlo por ti, a mi manera… pero con todo mi corazón.

Porque Radio Jaca no fue solo una emisora.

Fue una forma de vivir, de compartir… y de soñar.

Y ojalá que estas palabras sirvan, aunque sea humildemente, para que ni su historia ni la de sus pioneros caigan en el olvido.



Agradecimientos

 Mi reconocimiento y gratitud a Luis María Sanz, a su hija Anabel Sanz y a su mujer Pili Villanua por su colaboración desinteresada y por la aportación de información y material fotográfico.

 También a mi hermano Sergio, por ayudarme a viajar hacia atrás en el tiempo y completar estos recuerdos.

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Creo que lo que he escrito es algo que debía haberse contado antes: un reconocimiento a quienes hicieron de Jaca un referente radiofónico.

          Quizá se ha tardado demasiado, pero yo quería contarlo como lo viví.

Porque, para mí, Jaca es memoria, es infancia, es emoción… y es el lugar donde aprendí, sin saberlo, el valor de las pequeñas cosas.

 


Jorge de Aragón
Recuerdos de Jaca

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A continuación,  paso a transcribir algunos fragmentos de la información obtenida a través de pequeñas reseñas del Pirineo Aragonés, sobre diferentes momentos registrados en la vida jaquesa de Radio Jaca,  en los años que estuvo en antena, y sobre todo de  la actividad que desempeñó y compartió,  en las distintas campañas de Caridad y beneficencia,  en pro siempre de los mas necesitados

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EL EXCELENTISIMO AYUNTAMIENTO  SE UNE A

  “AMIGOS DE RADIO JACA”

El 26-12-1959  El entonces alcalde de Jaca Benigno Fanlo Cayuela, aprueba por unanimidad suscribir el Ayuntamiento de Jaca,  como Amigo de Radio Jaca, con la aportación para todo el año 1960 de la cantidad de 12.000 ptas. al  estimar el extraordinario interés  para Jaca de la emisora tanto en el ambiente comarcal como para el resto de España. El Ayuntamiento ve con suma simpatía el acuerdo, ya que opina que el buen y digno funcionamiento de la emisora es necesario en el conjunto de las instituciones y elementos que pueden prestar a Jaca, prestigio y categoría.

(El Pirineo Aragonés 26-12-1959)

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 Navidades 1959

CAMPAÑA DE RADIO JACA “DE CORAZON A CORAZON” 

Los locutores y locutoras de Radio Jaca se multiplican para imprimir a sus emisiones el sello de caridad a la luz del evangelio que preside esta eficaz y fructífera campaña.

Las señoritas locutoras que tan brillantemente colaboran en esta campaña de Radio Jaca con los locutores y que han leído a través de los micrófonos tan bellos preámbulos que han calado y llegado a los corazones Jaqueses son la siguientes por orden de actuación: Mª Pilar Armand, Mª Carmen Nasarre, Angelines Oros, Mary Sol Ruiz, Mª Ángeles del Pueyo, Mª Carmen Mola, Charito Corbas, y Mª Carmen Garnica.

Se han llegado a registrar hasta setenta y ocho llamadas telefónicas a la Emisora en un solo día, en el espacio de media hora que Radio Jaca destina a estimular la caridad jaquesa, que tan digna y generosamente están respondiendo

Enhorabuena a Radio Jaca, por la efectividad y magnifico montaje de sus emisiones que alcanzan ya gran categoría, de tal modo que no desentonan en el concierto de emisiones nacionales de mas grandes poblaciones.

La magnifica campaña de caridad llevada a cabo por Radio Jaca, bajo el  lema “De Corazón a Corazón” ha hallado tal eco en los buenos corazones jaqueses, que la recaudación de 50.000 ptas. y una gran cantidad de donativos en especies ha  permitido entregar esplendidos aguinaldos entre los pobres de la ciudad.

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INAUGURACION DE RADIO POLULAR DE JACA E.O.P. 76

A la una y media del pasado domingo fue inaugurada y bendecida con toda solemnidad por el Excmo. Rvdmo. Señor obispo de Jaca, doctor D. Ángel Hidalgo, la nueva emisora diocesana “Radio Popular de Jaca E.O.P. 76”

Asistieron a la inauguración todas las autoridades locales, y como director de emisora ha sido designado el  canónigo D. Carlos Martínez de Galarreta.

El veterano locutor D. Armando Abadía  fue el encargado de comunicar a través de los micrófonos el acto de bendición e inauguración

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CAMPAÑA DE CARIDAD EN LAS NAVIDADES 1960

 DE RADIO POPULAR DE JACA

 De un modo original y atrayente se esta realizando la campaña de caridad por la emisora local diocesana de radio popular de jaca; el titulo de la emisión es el de “Liga de Caridad”

A este fin se han formado cuatro equipos futbolísticos, especiales, integrados cada uno de ellos por dos señoritas alineadas del siguiente modo: Equipo BLANCO, Mª Teresa Bardavío y Rosa Mari Noguero; equipo AZUL, Mª Teresa Abadía y Feli Bandrés; equipo NEGRO, Mª Fernanda Izuel y  Rosa Carmen Riedel; equipo ROJO, Mª Nieves Paules y Mº Carmen Divi. El arbitro del partido, el locutor Pascual Sánchez

Cada día juegan dos equipos en forma de campeonato de liga; cada gol esta valorado en 20 duros y los hinchas de cada equipo llaman por teléfono a la emisora para hacer sus ofertas  (donativos) a favor del equipo de sus simpatías; cuando el donativo no alcanza las 100 pts.se va sumando a las fracciones hasta conseguir marcar el gol, (100 pts.)

 Además cada equipo admite regalos como especias, que luego serán subastados y su importe se sumara a sus marcadores correspondientes. Aunque no cabe duda de que este año se notan los efectos de la “estabilización” la recaudación se aproxima en estos momentos a 40.000 ptas. Porque estas señoritas y los colegiados hacen maravillas para conseguir aumentar el tanteo y Dios les ayuda ya que el fin que se han propuesto es el mas sagrado y sublime en pos de la Caridad en estas fechas tan cristianas.

Radio Jaca patrocino junto la Delegación Local de Juventudes, y Acción católica  la cabalgata de reyes de 1960.

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1962

Aprovechando este evento especial de la visita de este afamado Circo, un locutor y mi hermano Sergio Ochando, se desplazaron hasta el mismo (situado en los glacis)  con un magnetofón y  entrevistaron  al famoso cantaor andaluz, ANTONIO MOLINA que dicho sea de paso, tuvo una gran actuación esos días en el circo y en nuestra ciudad,  alcanzando todo un éxito y una gran repercusión  entre las fans de la época



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(Septiembre de 1962): 

PROGRAMA DE AYUDA PARA LOS DANMIFICADOS

 POR LA CATASTROFE DE CATALUÑA 

Si Jaca ha sabido vibrar en cualquier circunstancia, cuando de hacer caridad se ha tratado, en el caso de los damnificados catalanes ha sido tal el impacto quela población ha experimentado, que verdaderamente conmocionada por la gran catástrofe sufrida por Cataluña ha respondido con un corazón tan amplio que sus aportaciones superan a cuantas se han realizado en nuestra ciudad con fines benéficos, incluidas las campañas de Navidad,

El Ayuntamiento de Jaca, Radio Popular de Jaca, y el Orfeón Jacetano, pueden sentirse muy orgullosos de  sus esfuerzos y magnifica labor desarrollada, así como el pueblo jacetano, que es quien con sus desinteresadas aportaciones, ha hecho posible que la recaudación haya alcanzado hasta el momento, la estimable cifra de 100.424 pts.

 

En una pequeña población como la nuestra. Se han registrado casos emocionantes como el de una niña que  entrego para los damnificados de Cataluña, la totalidad de sus ahorrillos de su hucha, o los que, ante la apremiante demanda de “Radio Jaca” por medio de su locutor, Pascual Sánchez, solicitando recursos para los perjudicados por la catástrofe, llegaran a donar sus donativos a la emisora durante el desarrollo de una gran tormenta.  

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CAMPAÑA DE NAVIDAD DE RADIO POPULAR DE JACA

“LOS BANQUERITOS DE LA NAVIDAD”

Radio jaca se esta apuntando un nuevo y merecido éxito, con su magnifica campaña de navidad y reyes en pro del necesitado; este año la realiza con una nueva y original modalidad que denomina “Los Banqueritos de La Navidad”: todas las noches desde el pasado 14 de Diciembre un grupo de niños jaqueses se desplazan  a los estudios de la  Emisora de radio popular de Jaca, y cantan villancicos o recitan poesías al niño Dios, que luego son premiadas por sus familiares y amigos con sendos donativos; hasta la noche del jueves se llevaba recaudado sobre unas 25.000 ptas. con destino a nuestros hermanos pobres.

El día 23 víspera de la Noche Buena, clausuró radio popular de jaca su magnifica campaña de navidad en pro del necesitado, en un grandioso acto que tuvo lugar en los salones del Casino Principal con intervención de todas las agrupaciones musicales y corales que han intervenido en esta campaña y también la presencia de numerosos “banqueritos de la navidad”

La campaña fue cerrada con un broche de oro y habiéndose rebasado la recaudación para los mas necesitados en mas de 45.000 pts.




miércoles, 21 de noviembre de 2012

otoño y setas en Jaca



 JACA: Otoño y setas 

Un recuerdo de infancia en Jaca (1960)

Hay recuerdos de la infancia que permanecen intactos con el paso del tiempo.
No se borran, no se desgastan. Permanecen ahí, como si hubieran ocurrido ayer.

Uno de los más entrañables comienza en el otoño de 1960, en Jaca, y todavía hoy huele a bosque húmedo, a pino y a setas recién recogidas.


 

 El paisaje empezaba a adquirir sus característicos colores otoñales.

Las montañas se teñían de tonos dorados y pardos, y las últimas lluvias de septiembre y octubre habían empapado profundamente sus laderas, dejando los bosques con la humedad perfecta para que, entre la frondosidad del suelo, volvieran a brotar las setas y los hongos que permanecían ocultos durante el resto del año.

Era el momento ideal para salir a buscarlas.

Hasta entonces yo, con apenas ocho años, nunca había ido a coger setas. Mi padre y mi hermano Sergio eran quienes lo hacían cada otoño, y siempre regresaban a casa con enormes cestones llenos. Casi siempre,  las recogían en la ladera norte de Repitan, cerca de Castiello de Jaca.

 Después mi madre, las aliñaba y las cocinaba con su toque especial, en el viejo y achacoso fogón de leña de nuestras cocina de las casas militares.

Recuerdo que aquel día mi hermano Sergio me llamó:

—Tote, ¿quieres venir a buscar setas?

Yo estaba jugando con unas canicas de barro que había comprado el día anterior en “la Casita”, y ni me lo pensé.

—¿Dónde me llevas, Tate? ¿Vamos a la montaña?

Para mí aquello era toda una aventura, y también un orgullo salir con mi hermano mayor a buscar setas. Lo más lejos que había ido yo por entonces,  era al río Aragón, cuando íbamos a bañarnos con mis padres y el resto de la familia.

Me puse las botas de agua, cogí una mochila y me subí de paquete en el asiento trasero de nuestra seminueva bicicleta azul, que por aquel entonces era casi un lujo.

 Sergio pedaleaba con soltura entre las calles de Jaca.

Pasamos junto al Gran Hotel, seguimos por la carretera de Francia y luego hacia el Árbol de la Salud. El trayecto no se me hizo largo.

 Enseguida comenzamos la subida hacia el puerto de Somport y empezamos a adentrarnos entre montañas.

Cerca ya de Castiello, mi hermano dejó la bicicleta apoyada en una pequeña caseta al lado de la carretera. Cruzamos hacia la montaña y, de pronto, nos vimos metidos en un oscuro túnel.

 

Apenas se distinguía la boca de salida al otro lado.

Yo iba temblando. Abría los ojos todo lo que podía, casi se me salían de las órbitas, mientras buscaba la mano de mi hermano a tientas.

 Sergio caminaba tranquilo, seguro de sí mismo, hablándome de animalejos que vivían por allí, criaturas de las que yo nunca había oído hablar. Pero me aseguraba que, estando él a mi lado, ninguno se atrevería a atacarme.

Eso me tranquilizaba un poco.

A mi edad, sin embargo, la imaginación volaba. En mi cabeza aparecían los bichos más extraños y temibles revoloteando por aquella caverna. Yo solo quería atravesar cuanto antes ese túnel que no esperaba encontrarme.

 

Además, a nuestro lado discurría el cauce de un ríahuelo que no podíamos ver, pero sí escuchar. Su rumor constante hacía que todo resultara aún más misterioso.

Cuando por fin salimos por la otra boca, el paisaje me dejó sobrecogido.

Hoy sé, que aquel túnel no era especialmente largo ni peligroso, pero para un niño de ocho años parecía la entrada a otro mundo.

Nos adentramos en un frondoso bosque de pinos, cubierto de musgo y de hierba alta. Apenas veía dónde ponía los pies.

 Caminábamos en una especie de semipenumbra. No había sendas ni pisadas. Yo seguía las huellas que Sergio iba aplastando en la hierba mientras subíamos la ladera en busca de la luz.

 

A veces, tenía que ayudarme a subir los repechos que yo no podía superar. Él avanzaba con decisión, como si supiera perfectamente a dónde iba.

—Venga, Tote, que ya falta poco…

—Un poco más y ya verás…

Por la seguridad con la que caminaba, estaba claro que se dirigía a un lugar que conocía bien. Ni siquiera se detenía a mirar si nos dejábamos alguna seta atrás.

De pronto llegamos a una parte del monte más abierta y casi llana. Allí el sol entraba con más facilidad. Los pinos estaban más separados y la vegetación era menos densa.

Entre la hojarasca parduzca del suelo empecé a ver pequeñas manchas grises de distintos tamaños.

—¡Quieto! —me dijo de golpe—. No pises ahí.

Se agachó y apartó un poco las hojas.

—¿Ves? Todo eso son setas… y eso… y aquello también.

Me quedé boquiabierto.

 Estábamos rodeados de un auténtico vergel de setas.

Decenas, quizá cientos. Formaban un manto gris oscuro sobre el suelo del bosque.

Yo nunca había visto ni imaginado algo parecido. El suelo estaba cubierto de agujas de pino húmedas que crujían suavemente bajo las botas.

Hasta entonces, pensaba que las setas se encontraban de una en una, junto a cada pino. Pero aquello parecía casi un pequeño bosque de setas dentro del bosque.

 

Sergio me enseñaba a recogerlas.

—Mira —me decía—. Levantas la hojarasca así, las cortas con cuidado por la base y luego las colocas con suavidad en la mochila.

Cada metro que avanzábamos aparecía otro grupo.

 Era como una mina inagotable. Aquel debía de ser un lugar perfecto donde siempre crecían, y mi hermano y mi padre lo conocían bien.

Sin prisa, poco a poco, con paciencia y mucha satisfacción, fuimos llenando la mochila hasta que ya no cabía ni una más.

Si hubiéramos llevado más mochilas, habríamos llenado tres o cuatro sin dificultad. Las setas parecían brotar por todas partes en aquel rincón de la montaña.

Aquel día —y muchos de los siguientes— tuvimos setas en nuestro menú.

Y debo decir que, tal como las cocinaba mi madre, con su toque especial y el calor del viejo fogón de leña, aún hoy siento su sabor en la memoria, como si hubiera sido ayer.

Aquel día descubrí por primera vez, cómo son las setas en su verdadero hábitat: el aroma del bosque impregnado en las manos al recogerlas, el silencio del monte, y la emoción de explorar aquellos parajes de la mano de mi hermano.

Y con el paso de los años, he comprendido que no solo descubrí las setas.

También descubrí algo más importante:la magia de los bosques de Jaca, la aventura de la infancia, y el valor de esos pequeños momentos compartidos con la familia, que, sin saberlo entonces, se quedan grabados para siempre.

 

A veces todavía recuerdo aquella bicicleta azul adentrándose por la carretera de Francia, camino de la montaña, mientras yo descubría por primera vez el mundo de las setas.

Uno de los recuerdos más bonitos de mi vida.


 

                      

       

En memoria y homenaje a  mi hermano,  Sergio Ochando Fernández.”


     

        Jorge de Aragón 

       Recuerdos de Jaca 






miércoles, 10 de octubre de 2012

AVENTURA EN ASIESO

Aventura en Asieso:

 La noche que nunca se fue


Hay noches que no buscan explicación. Solo quedarse.



 “El misterio de aquella noche en Asieso” 

Hay recuerdos que no se disipan con los años. Permanecen ahí, quietos, esperando. Basta una mirada en la dirección adecuada para que regresen con toda su fuerza.

Asieso,  desde Jaca en 1969
Asieso, visto hoy desde Jaca, es un lugar tranquilo. 

Pero cada vez que mis ojos se posan en ese punto del paisaje, vuelve una noche sin luna, una oscuridad cerrada y tres muchachos convencidos de que podían con todo.

Esta es la historia de aquella noche. O, mejor dicho, del recuerdo que nunca se terminó de disipar.

Se nos ocurrió de repente, como se les ocurren las cosas importantes a los quince años: con mucha ilusión, sin medir consecuencias.

Fue Lorenzo quien lanzó la idea, casi como un reto arrojado al aire: acampar en la montaña, cerca del pueblecito de Asieso, pasar la noche solos, sin luna, sin adultos, sin más compañía que nuestra temeridad. O nuestra supuesta valentía.

Nunca habíamos montado una tienda de campaña. No sabíamos leer el campo, desconocíamos todo, pero con nuestro arrojo y mucha ignorancia,  creíamos saberlo todo.

Vivíamos los tres en las casas militares de Jaca. Éramos amigos inseparables. Vicente consiguió la tienda de campaña, por aquellos medios que solo funcionan cuando uno es joven y no hace demasiadas preguntas. Lorenzo y yo aportamos los víveres, obtenidos a hurtadillas de las alacenas de nuestras casas. No había otra manera de hacerlo, cualquiera le explicaba a nuestro padres lo que pretendíamos hacer 

Salimos a media tarde, cargados como podíamos; contentos y riendo, emocionados y la intriga por compañera 

 Rellenamos las cantimploras en la fuente del Rompeolas, donde el agua brotaba fría y clara de un caño oxidado. Vicente llevaba la tienda a la espalda. Yo cargaba un cesto con pan, queso, chorizo pamplonica, un par de tortitas más dos paquetes de galletas María.

Lorenzo y Jorge montando la tienda (1969)

Lorenzo caminaba delante,  orgulloso, con sus armas improvisadas: cañas afiladas  a modo de lanzas, un arco fabricado a base de  ramas de fresno, tres flechas recién acabadas y una navaja enorme para nuestras manos adolescentes.

 Repetía una y otra vez, que aquel armamento bastaría para ahuyentar lobos, jabalíes o cualquier bicho que se atreviera acercarse a nuestro “campamento”.

 Siempre creímos que el campo estaba lleno de aventura y peligros invisibles.

Atravesamos el Rio Aragón por el puente San Miguel, y en poco estábamos en la zona escogida.

Nos llamó la atención una pequeña explanada, cerca de Asieso, junto a una espesa arboleda y una tapia que separaba un huerto. Montamos la tienda como pudimos, ayudándonos más de la intuición que del escaso conocimiento. 

Al caer la tarde nos sentamos a su lado, orgullosos, contemplando el mundo como si fuera nuevo.

El río Aragón, a unos pocos cientos de metros, murmuraba sin pausa. Los grillos y las cigarras impregnaban el entorno. Los olores del campo y de la montaña nos envolvían. A lo lejos sobre la meseta, divisábamos Jaca, nuestras casas, nuestra seguridad.

Vicente y Jorge  reposando despues de montar la tienda (1969)
—Qué valientes somos —dijo Vicente riendo—. Nuestra primera noche fuera de casa, solos y sin que nadie nos mande.

Reímos los tres. Aún no sabíamos.

La puesta de sol, desde esa ubicación, fue lenta y hermosa. El cielo se llenó de nubes rosadas que se diluían en tonos más suaves, y se deshacían poco a poco.

 Las sombras avanzaron sin prisa y las primeras estrellas aparecieron, tímidas.

Cenamos bocadillos improvisados, bebiendo a sorbos de la cantimplora. 


Las galletas y los sobrantes comestibles quedaron en el cesto, a un lado de la tienda,  por si antes de ir a dormir teníamos algún capricho, además de reservar algo para reponer fuerzas a la vuelta.  

La noche cayó de golpe. Y entonces nos quedamos a oscuras.

No había luna. Nada. Solo estrellas que apenas iluminaban. La oscuridad era tan espesa que no podíamos vernos las caras. Hablábamos intranquilos para no perdernos. Nos tocábamos las manos para asegurarnos de que seguíamos siendo tres.

El desasosiego llegó despacio, sin avisar. Una inquietud que crecía. Pensamos en encender las velas, pero queríamos guardarlas. Aguantar un poco más.

Entonces algo pasó.

Poco antes de anochecer, Vicente y Jorge (1969)
No sabemos a qué hora. Solo que el aire se movió con estrépito.

 Escuchamos ramas crujir. 

Un batir de lo que parecían alas sobre nuestras cabezas.

 Una sombra imponente cruzó la espesa penumbra. 

Y aquel sonido… un rugido grave, antiguo, imposible, que nos atravesó por dentro.

El campo ya no estaba vacío. Y nosotros lo supimos sin necesidad de ver nada.

No pensamos. Corrimos. 

Nos metimos en la tienda atropelladamente, uno sobre otro.

 Gritamos.

 Nos abrazamos con una fuerza desesperada. La tienda se convirtió en refugio, en trinchera, casi en un túnel donde escondernos del mundo.

Las horas pasaron lentas y muy largas. Afuera, la noche se llenó de ruidos, no se callaba: ramas crujiendo, jadeos irreconocibles, ladridos lejanos, grillos interminables. Cada sonido era una amenaza. 

Susurrábamos teorías: lobos, jabalíes, algo peor. Ninguno dormía. Esperamos el amanecer como quien espera una liberación.

Cuando la primera luz afloró, por las rendijas de la cremallera de la tienda, y un gallo cantó a lo lejos, el campo volvió a parecer tranquilo. Salí con cautela. Todo estaba en su sitio. O casi.

La comida, abandonada por las urgencias en el exterior de nuestra tienda, había desaparecido. Y aquel detalle, pequeño en apariencia, terminó de sellar el misterio.

Las galletas, el chorizo, el queso.

 Nadie tocó ni rozó la tienda. Nada dejó huellas claras. Nos miramos en silencio. No había explicación sencilla.

Recogimos todo atropelladamente, no queríamos estar más tiempo allí, De nuestra osadía y valentía no quedaba ni rastro. 

Regresamos a esas tempranas horas sin cruzarnos con nadie. A paso ligero.  La incógnita quedó para siempre.

Con el tiempo, las anécdotas de aquella noche se convirtieron en historia compartidas, repetidas y narradas ya sin miedo, entre nuestra cuadrila, pero con cierta reticencia. Pero el misterio nunca se fue.

Hoy sé que hay noches que no buscan respuestas. 

Aquella nos enseñó el valor de la amistad, el peso del miedo compartido y la forma en que algunos recuerdos, precisamente por no entenderse del todo, nos acompañan toda la vida.

Asieso ya no es solo un lugar. Es una noche que sigue caminando conmigo.

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A Vicente Prieto Saturnino y a José Manuel Lorenzo Tato. Amigos, compañeros y hermanos de una noche que nunca se apagó.


Jorge de Aragón

        Recuerdos de Jaca